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TODO TIENE SU TIEMPO

Se impone: el Complejo Cultural “Teófilo Vargas”

Johnny Fernández Rojas (*)

Antecedentes

A finales de la década del 30 del siglo XX, quillacolleños visionarios, entre ellos, su alcalde Aníbal Zamorano Virreira, decidieron construir un inmueble  para la recreación y entretenimiento cultural de los vecinos de ese entonces; inquietud que se tradujo en la novedosa y singular edificación del Cine Teatro Municipal.

Después de sortear las tradicionales gestiones burocráticas y la superación de las dificultades técnicas y económicas en 1942, quedó concluido la monumental obra, cuyo inicial aporte, se debió al decidido apoyo de los vecinos, de los que amerita recordar a la señora Matilde Vda. de Montaño, quien hizo entrega a la empresa “Lujan & Soto”, encargada de dicho propósito, de una notoria contribución en material de construcción. Para ese efecto, también el Gobierno Central destinó un soporte económico excepcional.

Por la magnificencia e impresión que provocaba la obra en sí, es decir, el acabado arquitectónico, el equipamiento apropiado y el invalorable símbolo cultural que ésta representaba, se decidió rendir con ella,  un homenaje al más destacado exponente del acervo musical de esta tierra, considerado entre las más descollantes del país: Teófilo Vargas Candia.

Años después, en 1958 se optó por “bautizar” a este centro cultural, como Cine Teatro “Teófilo Vargas” de Quillacollo, hecho promovido por el alcalde de ese entonces, Ismael Vargas Méndez.

Según testigos que aun viven, testimoniaron que las presentaciones teatrales fueron esporádicas pero inolvidables. Estos elencos nacionales e internacionales, de reconocida trayectoria artística, solían incluir en sus programas de giras a este escenario, debido a las características técnicas que detentaba, se acomodaba con solvencia a los requerimientos exigidos para este tipo de espectáculos.

El Séptimo Arte fue el más explotado. Éste encontró su apogeo en la década del 70. Los quillacolleños aún con manifiesta nostalgia recuerdan las funciones rotativas de los jueves y las funciones populares de los lunes, días que se caracterizaban por las “colas”, en los al rededores  del cine para su acceso.

Pero el tiempo fue implacable, son casi tres décadas que no funciona, ni para uno ni para el otro objetivo. Ese lapso lo convirtió al Cine Teatro “Teófilo Vargas”, en una mole inerte, que alberga alimañas, roedores, además de servir como depósito de materiales de construcción, y que en algún momento, también es utilizado para asambleas de los vecinos, eventuales actividades artísticas, realización de actos de promociones colegiales, o alguna ocurrencia de las autoridades municipales de turno.

En éste último cuarto de siglo, los casi cuarenta alcaldes de Quillacollo que se ocuparon de opinar acerca de éste edificio teatral, se limitaron a decir: “Se refaccionará y pronto funcionará”. Al respecto, hace casi dos décadas, un alcalde optó por pintarlo y emprender alguna mejora en su infraestructura, pero, después de ello, nuevamente retomó su olvidada condición. Si se recurre al misticismo popular, seguramente la edificación desde sus entrañas “acullica” su suerte, al que le destinaron deliberadamente, las autoridades y también los pobladores quillacolleños.

A la fecha, el estado de este inmueble se constituye en una real ofensa y un franco desafío para los vecinos, quienes, particularmente al pasar por sus aceras (que es lo único que funcionan eficientemente hasta para los comerciantes), se limitan a recordar y mover la cabeza en señal de rabia, preocupación, incredulidad, impotencia, y fundamentalmente, resignación, como muestra de aceptación.

En otras palabras, el edificio del Cine Teatro “Teófilo Vargas”, con su estado anacrónico soporta estoicamente: el deplorable uso asignado, el desenfrenado deterioro físico, la destrucción de algún equipamiento que todavía queda y que se resiste a sucumbir y, fundamentalmente, su incapacidad para enfrentar a la actual y latente demanda cultural.

Las generaciones específicamente de este siglo, suelen preguntarse, con la siguiente interrogante: ¿éste es el cine?, desconociendo, -que obviamente, no es culpa suya- del imperecedero aporte cultural y de entretenimiento, que ofreció a sus padres hace varios años.

Sin acciones

 

Dejar que el predio siga en pie, como lo ha estado por éstas más de 30 años, se extendería “sin fecha” o “hasta nuevo aviso”, la actitud cómplice de este estado de cosas, lo que permitiría generar, ampliar y profundizar un ámbito por donde transiten con solvencia, todas aquellas autoridades y personas, que se empeñan en relegar y posponer, no sólo los derechos humanos, sino la intrínseca naturaleza de los seres humanos, como es la cultura. La inacción de ahora, con seguridad, e ineludiblemente en el futuro serán asumidos y superados, obviamente con matices de arrepentimiento o de censura, por lo que no se actuó oportunamente.

Reacciones

En ese lapso citado, menudearon las manifestaciones de inconformidad por el estado en que se lo mantiene. Los debates y deliberaciones relativos a esta situación, encontraron un escenario inmejorable en la Cumbre de las Culturas de Quillacollo, organizada por la Asociación de Instituciones de Cultura de Quillacollo (AICQ), realizada precisamente en ese recinto en marzo pasado, en el que, entre sus conclusiones, sentenció con lo que se preveía: demandar a las autoridades municipales, porque en ella está la responsabilidad, del urgente funcionamiento del Cine Teatro “Teófilo Vargas”.

Esta conclusión nada novedosa, se constituyó en una verdadera expresión del sentimiento popular y de la interpretación de las más profundas expectativas culturales.

Para el cumplimiento de esa necesidad se recomendó también, el emprendimiento de mejoras ante el estado ruinoso e inapropiado de su actual condición. Mejoras que comprenderían las ligeras modificaciones a la arquitectura, la refacción de la infraestructura, habilitación de las condiciones técnicas, colocado de mobiliario, retoques en su presentación,  etc. etc.

Sin embargo, y después de una serie de consideraciones y consultas a intelectuales y gestores culturales locales, en los que se evidenciaron, algunas opiniones conservadoras y en otras, visiones modernas para atender las demandas culturales de los quillacolleños. Se optó por recurrir a ésta última. Las que motivaron a la elaboración personal de una propuesta preliminar que, obviamente merodea la utopía y linda con los sueños.

Un complejo cultural

La promoción y la demanda de consumos culturales, en la actualidad exigen, inobjetablemente sistemas modernos y apropiados para su promoción, administración y satisfacción de los usuarios.

Los ciudadanos quillacolleños, cuya población menor a los 30 años, representa casi el 70% de su universo, es decir, un contexto social sumamente joven con modernas expectativas y demandas culturales, en cuyo quehacer, las inquietudes hacia los sistemas informáticos, cuentan con una particular hegemonía.

En atención a estas naturales inquietudes y expectativas juveniles, de la adolescencia e inclusive de la infancia, obligan a asumir otro tipo de acciones, y como producto de una rigurosa reflexión, se concluyó en que el predio, inobjetablemente,  debe ser demolido. Demolición como medida de salvación; porque de mantenerse en pie, y pese a las mejoras recomendadas y encaradas, seguiría ofertando y exponiendo sus contundentes limitaciones materiales, porque nominal y moralmente, ya habría perecido.

En su lugar, el espacio físico que representa aproximadamente, un mil metros cuadrados, se sugiere la construcción de un complejo moderno, con capacidad suficiente de satisfacer las demandas culturales actuales de la población en general y de la juventud y niñez quillacolleña, en particular. Obviamente, y para evitar apresurados reacciones adversas, se debe preservar el nombre del insigne músico que enorgullece a los quillacolleños.

El edificio que otrora fuera destinado al  “sexto y séptimo arte”, y por su monumental representación arquitectónica y los fines propuestos, curiosamente no se gestionó en las instancias correspondientes, su declaratoria de patrimonio cultural, por tanto, carece de ese título honorífico. En cuanto a su construcción, tampoco guarda relación con la arquitectura colonial que le rodea, más bien, éste inspiró y motivó en su entorno a la gestación de un panorama arquitectónico moderno.

Cuestión económica

El Complejo Cultural “Teófilo Vargas” de Quillacollo, naturalmente exigirá la asignación de un significativo presupuesto, y que en este momento aún es aventurero ensayar precisiones, al respecto, una vez posicionada la idea en la población y en sus autoridades, éstos con los técnicos especializados en el área, esbozarían, el proyecto para determinar: los costos, la magnitud y la relevancia respectivas.

Por la naturaleza y las características del comportamiento social de los quillacolleños para este tipo de incursiones,  no es atrevido comprometer, su anticipado, decidido, y contundente concurso. Concurso expresado en su aporte que se estima bordearía el 20%, del costo total, cuyo desglose de la misma, comprenderían los siguientes ítemes: el espacio físico, es decir el terreno en sí, sumado a la elaboración del proyecto a diseño final, la ejecución de un sinnúmero de campañas de contribución económica y en materiales de construcción, además de la organización de eventos interactivos como producto de las imaginativas iniciativas para la obtención de los mayores recursos económicos, etc. etc. El otro restante, que sería el sustantivo, tendría que asumirlo el Gobierno Departamental y Central, en atención a que, coyunturalmente, las máximas autoridades de estas instituciones, demostraron un particular interés, afecto y estima  por Quillacollo.

El Complejo Cultural “Teófilo Vargas” de Quillacollo, se traduciría en una moderna construcción arquitectónica, equipada con tecnología de última generación, funcionalmente distribuida  y eficientemente administrado.

Comité Impulsor

Para la ejecución de tamaña obra, que exigirá intensa y sostenible inversión de tiempo y recursos humanos, se plantea la conformación y el trabajo continúo de un Comité Impulsor Pro Complejo Cultural “Teófilo Vargas” de Quillacollo. Comité integrado por los gestores culturales calificados, y procedentes de la sociedad civil, que estaría encargado del cumplimiento de cada una de las fases: planificación, preparación y ejecución  del objetivo propuesto. Eventualmente, quedaría pendiente, los criterios de la organización específica, la estructura orgánica y la modalidad de funcionamiento del citado Comité.

Estructura del complejo

El Complejo Cultural “Teófilo Vargas” de Quillacollo, fundamentalmente ofrecería el cobijo, el estímulo, la promoción y la proyección a la mayor parte de las expresiones y manifestaciones culturales de la población. Por tanto, la edificación obedecería a la siguiente y primigenia distribución:

  • El subsuelo, destinado al parqueo.
  • La primera planta, que exigiría un 40% de la construcción total, sería destinado al Cine y Teatro, cuya capacidad bordearía las 800 butacas, entre la platea, laterales y el mezzanine
  • La segunda planta, daría cobijo a diferentes salones funcionales y divisibles para  conferencias, exposiciones permanentes, salón de notables, seminarios, biblioteca, hemeroteca, telecentros, un café/restaurante y otros.
  • La tercera planta lo ocuparían las:

*       Artes escénicas: teatro, danza, mimo, títeres, etc.

*       Artes musicales: coro, orquesta sinfónica, capacitación, etc.

*       Artes visuales y plásticas: pintura, escultura, grabado, fotografía, etc.

*       Artes Audiovisuales: cine y video

*       Artes literarias: poesía, narrativa, etc.

*       Artes aplicadas: artesanía e industrias culturales.

*       Cultura popular e interculturalidad

*        La cuarta planta estaría destinada a la administración: Oficialía Mayor de Desarrollo Humano y Culturas junto a sus dependencias. Consejo Municipal de Culturas, Archivo Histórico, Museo Arqueológico, investigación, publicaciones y otros afines

*         La azotea al margen de constituirse en un mirador turístico en el que los usuarios o visitantes pueden acceder a una visión a los 360 grados  de observación del entono quillacolleño, también funcionaría, el taller de danza y folklore.

Después de aquel movimiento cultural de 1942, que se tradujo en la construcción del Cine Teatro Municipal; los quillacolleños de 2012, replicarían ese entusiasmo y decisión de hace más de 70 años.

Las condiciones obviamente son diferentes, sin embargo, en esta ocasión, la balanza tiende a encontrar favorables contrapesos, en procura de contar con un otro escenario que ostente características actuales y modernas, y que además, se constituya en una franca representación emblemática de la cultura de los quillacolleños, pero fundamentalmente, que sirva, atienda,  responda y proyecte el clamor cultural de los ciudadanos del Siglo XXI.

Finalmente, los más inverosímiles sueños, suelen hacerse realidad, porque por lo menos en este caso, se ha evidenciado que: “todo tiene su tiempo”.

 

(*) Johnny Fernández Rojas

Gestor cultural

Cel. 70138822-jobyva190@gmail.com

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Un comentario el “TODO TIENE SU TIEMPO

  1. Hay respetar la propiedad de las fotos que acompañam a esta nota, citando su origen…no es etico plagiarlas

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