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Editorial

Aún continuamos con el conflicto del  Tipnis.  Por alguna extraña razón, o sin razón alguna, el presidente no se sienta  a dialogar con sus hermanos, con sus similares, con los que lo llevaron al poder, los indígenas originarios.  Tal vez esto se deba a que los que actualmente están pidiendo que se respete sus derechos, son de tierras bajas,  tierras y culturas muy distintas a las de los Andes, tierras altas.

Por todos los medios,  sean estos panfletos, rumores, medios masivos de comunicación, se está tratando de denigrar  a los  y las dirigentes de esta 9º marcha. Se los está tildando de narcotraficantes,  madereros,  lagarteros, etc.;  buscando quebrar la integridad de sus demandas.  Al parecer, el efecto, como siempre, es el contrario. La población paceña, andina, oriental, boliviana en general,  está expresando su apoyo mayoritario a la demanda de  los  del Tipnis.

El gobierno no está percibiendo que  no se trata de  las personas que encabezan  esta marcha, sino se trata de proteger el pulmón ecológico que se ubica en territorio boliviano.  Fuera de que sea así o no, eso es lo que la gente apoya.  El espíritu ecologista se ha expandido y se ha hecho carne en esta 9º  marcha.

Es inevitable hacer las comparaciones del caso;  mientras los indígenas de tierras bajas, marchan cientos de kilómetros, de manera pacífica, para hacer escuchar sus demandas y respetar sus derechos;  los indígenas de tierras altas, como MallkuKota,  toman rehenes, los someten a la justicia comunitaria y consiguen que el gobierno masista acepte sus demandas.

Por lo visto,  la paciencia,  la paz, la tranquilidad y el respeto por los derechos de los demás no son el camino para ser escuchados por Evo Morales, Juan Ramón Quintana y García Linera.  La fuerza y la violencia pueden MAS.

A través del  periodismo digital, leíamos que en Brasil,  han dado la autorización para la construcción de la planta hidroeléctrica más grande de la región.   Los indígenas habitantes del amazonas brasilero,  están iniciando sus movilizaciones contra esta medida.   Esto nos permite ver, que los originarios, siguen siendo avasallados, en pleno  siglo XXI.  Lo increíble,  paradójico y contradictorio, es que en Bolivia,  el presidente es un indígena originario como ellos.

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