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Hoy se cumplen 203 años de la Revolución de Chuquisaca, conocida históricamente como el primer grito libertario en América

Chuquisaca conmemorará el próximo viernes los 203 años de su gesta libertaria del 25 de mayo de 1809, esta fecha histórica para el continente fue el principio de su independe de la colonia española.

En Sucre se dio el primer Grito de Libertad de América, el 25 de mayo de 1809, y además es el lugar donde se firmó el Acta de la Independencia el 6 de agosto de 1825. Años después, se la designó Capital de Bolivia.

Luego de la creación de la ciudad de la Plata en 1540, una de las primeras ciudades fundadas en América, se dio lugar al primer grito libertario el 25 de mayo de 1809. Es así que tocando a rebato “las campanas de la libertad” y tras el alzamiento de la audiencia se cundió el eco libertario en las demás ciudades y el continente americano.

Son cuatro los nombres que le fueron dados a esta ciudad: Charcas, La Plata, Chuquisaca y Sucre.

Antecedentes de la ciudad de La Plata

El territorio de Charcas estuvo, durante muchos años, sometido a los avatares de las guerras civiles entre almagristas y pizarristas y, más tarde, a los de las que libraron los encomenderos contra la Corona.

Pedro de Anzúrez, perteneciente a las huestes de Gonzalo Pizarro, después de un fallido intento por conquistar el oriente, llegó a un lugar próximo a Pacha, denominado Conchupata lo que hoy es conocido como la plaza de La Recoleta y así se fundó la ciudad de Chuquisaca.

Posteriormente se la denominó ciudad de La Plata, un nombre otorgado por el descubrimiento de yacimientos de plata en el cerro de Potosí en 1540. Esta ciudad estaba ubicada sobre dos asentamientos indígenas, Conchupata y Pajcha, al pie de los cerros Sicasica y Churuquella.

La Plata fue la segunda ciudad más importante del virreinato, en los siglos XVI y XVIII, cuando el poder sociopolítico, económico y militar estaba representado por la Real Audiencia de Charcas, la cual regía control, sobre todo el territorio del Alto Perú y los límites con Paraguay, Argentina y Perú.

En aquellos años, la Real y Pontificia Audiencia de Charcas tenía la potestad de controlar el movimiento económico y administrativo de las minas de plata en Potosí. La Plata se convirtió en un centro fundamental en la época colonial, cuando se comenzó a gestar la independencia de la República.

La protesta constante en la ciudad de La Plata contra el sometimiento de indígenas y criollos a la monarquía española, dio lugar a la idea emancipatoria de la liberación de América. Siendo la sede de la universidad más prestigiosa en su tiempo, San Francisco Xavier, se considera que fue la cuna intelectual de la liberación de América.

Causales del levantamiento

Uno de los levantamientos más tempranos se desarrolló en Chuquisaca, cuando un 24 de mayo de 1809, por la noche, el regente de la Audiencia señor José de la Iglesia, convoca en forma extraordinaria al Tribunal a su domicilio, donde se toman medidas de precaución para conservar el orden y las garantías, puesto que el pueblo representado por sus ministros y cabildantes había resuelto el gran problema de sus derechos. En la madrugada de 25 de mayo del mismo año, el padre Félix Bonet, provincial de Santo Domingo junto al capitán Santiesteban previnieron a Pizarro sobre la conspiración y acuerdos secretos que se venían gestando días atrás. García León y Pizarro ordenaron el arresto fiscal de los hermanos Manuel y Jaime Zudáñez deteniendo sólo a este último, considerado el defensor de los pobres.

A partir de este suceso, se toca a rebato en todos los campanarios y sobretodo la campana del templo de San Francisco, motivo por el cual ahora se la denomina “Campana de la Libertad”. Es así, que con esta alarma el pueblo afluyó a la plaza principal a reclamar la libertad de Zudáñez. Tras la liberación del defensor de los pobres, el pueblo lo llevó en hombros, pero la indignación frente a la injusticia y a la victimación de varias personas perduraba en el pueblo y en los patriotas que a partir de este momento iniciaron su euforia independentista y este grito libertario encontró sus ecos en el resto de las ciudades además de regiones donde se sostuvieron encuentros y alzamientos más determinantes que en Chuquisaca.

Cerca de las 3:00 de la madrugada del 26 de mayo, Pizarro rindió las armas, se dio por preso y se anunció que el Tribunal de la Real Audiencia se hacía cargo del mando de Gobierno de Charcas. Tras este grito libertario, este departamento histórico y actual capital de nuestro país, cambió varias veces de nombre, en el periodo prehispánico se llamó Charcas, en el periodo virreinal se denominó La Plata, en la etapa emancipadora recibió el título de Chuquisaca, mientras que en la era republicana pasó a denominarse Sucre.

Precisamente en honor al Mariscal de Ayacucho es que la ciudad pasó a llamarse Sucre durante los años correspondientes a la fundación de la República, nombre que hasta ahora permanece.

Universidad San Francisco Xavier

Universidad San Francisco Xavier

Fue fundada el 27 de marzo de 1624, por el sacerdote jesuita Juan Frías de Herrán. Su primer rector fue el padre Luis de Santillán. Desde su creación, tuvo una notable influencia en el territorio del Alto Perú y en toda la región de Sudamérica. En 1775, fue fortalecida con la creación de la Academia Carolina dedicada a la práctica del Derecho.

Esta Universidad se convirtió en una de las más famosas del Nuevo Mundo, y es imposible negar su gran relevancia e importancia en la historia sudamericana. El claustro de la Universidad tuvo un papel destacado en los hechos de la Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809. Desempeñó un papel destacado en la independencia de las colonias americanas del Imperio Español, educando a muchos de los patriotas que formaron los primeros gobiernos independientes del Cono Sur. Según el historiador Clément Thibaud, la Academia Carolina de Charcas fue una escuela de dirigentes para la independencia, ya que en su tiempo era la única institución de estudios jurídicos de importancia en todo el Río de la Plata y del Virreinato del Alto Perú.

Por lo tanto, fue formadora de las mentes emancipadoras de toda América del Sur. Produjo una cantidad de hombres distinguidos, como Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, José Ignacio Gorriti, José Mariano Serrano y Juan José Castelli, militantes de primera línea en la revolución argentina; Bernardo Monteagudo, ideólogo y combatiente revolucionario en Charcas, Argentina, Chile y Perú; Manuel Rodríguez de Quiroga, protagonista de la independencia del Ecuador; Mariano Alejo Álvarez, precursor de la revolución peruana y Jaime de Zudáñez, líder incuestionable en Charcas, redactor de las constituciones de Chile, Argentina y Uruguay y primer presidente de la Corte Suprema de Justicia de Uruguay.

Juana Azurduy de Padilla

Antonio Dubravcic-Luksic

Vicepresidente de la Sociedad Geográfica y de Historia “Sucre”

Juana Azurduy de Padilla

A decir de Joaquín Gantier: “Si Francia tiene a Juana de Arco…Nosotros tenemos a Juana de América”

Juana Azurduy Bermúdez, nacida en Chuquisaca. Eso no era nacer en cualquier lugar ya que dicha ciudad, fue una de las más importantes de la América española, también recibió los nombres de La Plata o Charcas.

Perteneció al Virreinato del Río de La Plata desde 1776, igual que el resto del Alto Perú, en ella se fundó nada menos que la Universidad de San Francisco Xavier. Allí estudiaron -y conspiraron- Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo. Castelli, fue el jefe del ejército del Norte, se hospedó en la casa de Padilla en su marcha hacia La Paz. Moreno fue un abogado defensor de indios pobres y perseguidos.

En Chuquisaca (La Plata) nació Juana Azurduy, el 12 de julio de 1780. Sus padres fueron un hombre de dudoso linaje español don Matías Azurduy y una madre indígena, doña Eulalia Bermúdez.

Valentín Abecia, señala: ” Juana tenía la hermosura amazónica, de un simpático perfil griego, en cuyas facciones brillaba la luz de una mira­da dulce y dominadora”. Esa indiscutible belleza será en parte responsable del carismático atractivo que Juana ejerció sobre sus contemporáneos. Su madre, fue una chola de Chuquisaca, de allí su sangre mestiza, quizás por algún desliz amoroso de don Matías Azurduy, se elevó socialmente gozando de una desahogada situación económica, ya que el padre de Juana era hombre de bienes y propie­dades.

Juana tuvo una hermana menor llamada Rosalía, en vista de que en esos tiempos no había escuela para las niñas, el aprendizaje de las primeras letras y el cálculo lo hacían en el hogar con algún maestro particular. La doctrina cristiana la aprendían en la parroquia.

No lejos de las propiedades de los Azurduy-Bermúdez, se hallaba Chipirina una finca ubicada en el cantón Moromoro, provincia Chayanta, en esa finca nació Manuel Ascencio Padilla el 28 de septiembre de 1774.

Don Melchor Padilla fue amigo del padre de Juana, ellos y sus hijos se ayudaban en las tareas campestres y de igual manera compartían las fiestas, muy pronto entre Juana y Manuel Asencio se despertó una fuerte corriente de simpatía.

Juana fue marcada por un sino trágico que la perseguiría toda su vida, que la condenará a la despiadada pérdida de sus seres más queridos, su madre murió súbita­mente cuando ella tenia siete años, al poco tiempo falleció don Matías, también en forma violenta; por la prematura muerte de sus padres, le siguió una difícil relación con sus tíos Petrona Azurduy y Francisco Díaz Valle, quienes se hicieron cargo de las dos huérfanas, más por ambición de admi­nistrar las propiedades que habían heredado, que por un sincero deseo de protegerlas afectivamente.

En vista de la tensa relación existente entre Juana y sus tutores, éstos tomaron la decisión que la sobrina díscola, ingresará en un convento para hacerse monja.

Pronto fue evidente, sin embargo, que la vida con­ventual no era para ella. La vida contemplativa del convento en esa adolescente, que amaba el cabalgar desafiando a los vientos, el trepar a los árboles sin temor a los porrazos, el zambullirse en aguas torrentosas, terminó en una tremenda trifulca con la madre superiora que decidió la expulsión de Juana del monasterio de Santa Teresa.

Otra vez en Toroca, Juana parece retomar la huella que su padre había trazado para su hija predilecta. Reencuentra allí la libertad, la acción, la naturaleza. Juana siempre amó y admiró a Manuel Ascencio Padilla, en ese respetuoso y encendido amor Juana no dudo en unír­sele, pero de la forma en que ella concebía la unión entre hombre y mujer: luchando a la par.

Juana, una hermosa mujer de familia criolla, pudo disfrutar de una vida acomodada, de mujer casada.

Tuvo cuatro hijos que llevabo consigo en las batallas en las que participo junto a Manuel. En el mes de marzo de 1814, Juana y Manuel vencieron a los realistas en varias batallas y en espera de un contraataque, las tropas revolucionarias tuvieron que dividirse: Manuel se encaminó hacia La Laguna y Juana se internó con sus cuatro hijos pequeños y un grupo de guerrilleros en un refugio cercano al río, en el valle de Segura, provincia de Tomina.

A Juana le habían manifestado que Padilla se encontraba en peligro; salió en su auxilio pero tuvo que volver pronto: los españoles avanzan hacia el valle de Segura donde habían quedado sus niños.

La batalla fue la más cruel y más dolorosa de todas las que tuvo. Juana se internó con sus cuatro hijos en el monte desconocido. No había alimentos, sus soldados escoltas huyeron asustados. No existió un refugio contra la plaga de insectos que llenaron de pestes el cuerpo de sus pequeños. Porque es allí donde se enfermaron cada uno de sus cuatro hijos, allí murieron Manuel y Mariano Posteriormente en el refugio del valle de Segura fallecieron sus dos hijas: Juliana y Mercedes, de paludismo y disentería.

Juana estuvo nuevamente embarazada, cuando se presentó el combate el 2 de agosto de 1814. Juana dio a luz a su hija Luisa Padilla en las orillas del Río Grande, cuando se inició el ataque realista. Los hombres que la custodiaban presumieron que su jefa estaba débil y que era el mejor momento para arrebatarle el botín de guerra con el que contaban las tropas revolucionarias que Juana custodiaba con celoso fervor. Por otro lado las fuerzas realistas fijaron el precio, 10.000 pesos en plata por la cabeza de Juana.

Los traidores al mando de Loayza complotaron y arremetieron contra la teniente coronela, que se alzó frente a ellos con su hija en brazos y la espada obsequiada por el General Belgrano, tendida hacia adelante en ademán de ataque. Algunos cuentan que ordenó el ataque en quechua a su tropa de indios amigos. Otros dicen que ella misma, con su espada, le arrancó la cabeza a Loayza de un solo sablazo de derecha. Juana montó a caballo con la pequeña Luisa en brazos y juntas se zambulleron en el río, logrando llegar con vida a la otra orilla.

El torbellino de estímulos desencadenados por la lucha de la independencia, lanzo a la esposa y madre junto a su esposo, al vendaval de las batallas: Tarvita, El Salto, Quila Quila, Potolo, Aiquile, Las Cañadas, Presto, Las Carretas, La Laguna y El Villar.

La gesta insurgente acometida en territorio de Charcas, concluyó a la muerte de Padilla, el 14 de septiembre de 1816 constituye el epílogo sangriento de El Villar. Manuel Ascencio Padilla fue nombrado Coronel del ejército argentino del norte cuando su cabeza estaba ya clavada en una pica.

O’Donnell Pacho en su artículo: “Juana Azurduy” publicado por la Revista Lilith en marzo de 2005. (Buenos Aires), describe de la siguiente manera la batalla del Villar:

“Juana avanzaba casi en línea recta, rodeada por sus feroces amazonas descargando su sable a diestra y siniestra, matando e hiriendo. Cuando llegó a donde quería llegar, junto al abanderado de las fuerzas enemigas, sudorosa y sangrante, lo atravesó con un vigoroso envión de su sable, lo derribó de su caballo y estirándose hacia el suelo aferrada del pomo de su montura conquistó la enseña del reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz”.

Por esta acción en la batalla del Villar, en 1816, Juana Azurduy fue ascendida por el General Manuel Belgrano al grado de Teniente Coronel del Ejercito Argentino. Luego de haber ganado 33 batallas, fue reconocida por Bolívar quien le concedió una pensión, la misma que a los dos años fue incumplida e ignorada por las autoridades.

Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana se trasladó a Salta combatió junto a Manuel Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente.

Después del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión. Se vio reducida a la pobreza.

En una carta escrita en 1830 dirigida a las autoridades de la provincia de Salta, expreso lo siguiente:

“A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo:

Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución.(…) Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme”.

La respuesta del gobierno salteño resultó indignante, apenas le otorgó “50 pesos y cuatro mulas” para llegar a la “nueva nación de Bolivia”.

El mariscal Sucre le otorgó una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares.

Fue el propio Bolívar quien al visitar a Doña Juana – ya destruida por las muertes de los suyos, el olvido de sus conciudadanos y el saqueo de sus bienes – le expresó ante la sorpresa de sus compatriotas que, “Bolivia no debía llevar su nombre sino el de Padilla, su mayor jefe revolucionario”.

Del retorno de Salta doña Juana vivió casi cuarenta años más, junto a la familia de su hermana Rosalía, acompañada de su hija Luisa. Su fuerte organismo, sometido a pruebas durísimas durante la guerra y el exilio, la mantuvo activa hasta el final, ocupaba una modesta habitación en el amplio patio empedrado de una casa de bajos en la tercera cuadra de la actual calle España Nº 220

El fecundo escritor cochabambino Dr. Ismael Vásquez, decía al ocuparse de la heroína chuquisaqueña doña Juana Azurduy de Padilla: “el 25 de mayo de 1862, Juana se sacudió de la ancianidad que la cubría y comenzó su eterna juventud. Poquísimas personas acompañan el carro que va crujiendo por las calles traseras de Chuquisaca, que entonces era ya capital Sucre…” Algo similar dice el General Ramallo en su libro “Los esposos Padilla” páginas 228 y 229 cuando escribe “el 25 de mayo de 1862 a la edad de 81 años, como conmemorando el día de la Patria, en la que altivo pueblo que la vio nacer el primer grito de libertad en la América del Sur, murió la heroína de las republiquetas, envuelta en los harapos de la estrechez y la miseria más completa. Su entierra fue humilde, demasiado humilde: cuatro a seis personas acompañaron el ataúd al Cementerio General, donde fueron inhumados sus restos…”.

Ismael Arana en su articulo intitulado: “Aclaraciones históricas” describe en los siguientes términos:

“Rara era la semana que tanto el General Sucre como doña Juana Azurduy v. de Padilla dejaran de asistir a las veladas de casa Tardío, en cuya tertulia naturalmente se hacían reminiscencias del tiempo heroico en cuya época Doña Juana y Tardío lucharon frente a frente en Mesa Verde (Don Manuel Antonio Tardío se hizo patriota en 1823). A la muerte de la Sra. Padilla el 25 de mayo de 1862, se le hizo un entierro humilde, pero no es evidente que cuatro a seis personas acompañaron los restos sagrados al Campo Santo, donde fueron inhumados. Si bien el entierro fue humilde, ello se debió a que no tuvo carácter oficial, cual le correspondía a esta americana ilustre; pero asistieron personas de gran valimiento entre ellas las familias Molina, Tardío Arana, Mujía , Uriburu, Rosquellas, Cuellar, Benavides, Fernández, Calvo y otras más, habiendo ellas contribuido a los gastos funerarios. Tampoco es evidente que se ignore el lugar donde fue sepultada, al estar consignada en el “Libro Primero” del cementerio, la partida respectiva, aunque solo con el nombre y apellido propio, sin el de su esposo. Este lugar es conocido y lo señalaba don Manuel Molina junto a un molle corpulento, que fue derribado cuando se practicaban los planos del nuevo Cementerio General, hacia los años 1891-92”.

En la madrugada de un 25 de mayo de 1862 murió, “en su casa y en comunión de la Santa Madre la Iglesia, doña Juana, mayor de ochenta años, viuda del Coronel Padilla, vecina de esta Parroquia. Para morir recibió todos los Santos Sacramentos necesarios, y después de rezado su oficio con cruz baja se sepultó en el Panteón General de esta ciudad”. Así reza la partida de defunción. No hubo toque de silencio, tambores a la funerala, ni salva de fusilería en honor a la coronela muerta, porque la tropa de la guarnición estaba “demasiado ocupada en los festejos del 25 de mayo”.

En 1962, centenario de su muerte, a sugerencia de Joaquín Gantier y siguiendo las indicaciones dejadas por Indalecio Sandi, que fue el niño que acompañó en sus últimos días a la guerrillera, se extrajeron los restos humanos que se supone pertenecen a Juana Azurduy. Ahora ellos se conservan en una urna depositada en la Casa de la Libertad.

Sucre capital

Gobierno triplicó en seis años ingresos fiscales en Chuquisaca

El departamento de Chuquisaca en los últimos seis años de gobiernos neoliberales recibió 1.480 millones de bolivianos, y que a la fecha con su administración recibe 5.103 millones de bolivianos. Señaló que Chuquisaca del 2000 al 2005 exportó 70 millones de dólares y que de 2006 al 2011 alcanzó 962 millones de dólares.

Por los programas Bolivia cambia Evo cumple, el Fondo de Inversión Productiva y el Fondo Nacional de Desarrollo —desde el 2006 al 2011— se ejecutaron 942 proyectos en el departamento de Chuquisaca, 32 obras por municipio, cinco por año en cada municipio.

“Antes que llegara a la Presidencia el departamento de Chuquisaca recibía 16 millones de dólares, el 2011 el departamento ha recibido 78 millones de dólares gracias a la nacionalización de los hidrocarburos. (…) El departamento de Chuquisaca ahora (2012) va a recibir 135 millones de dólares, estoy casi convencido que con ese trabajo técnico jurídico y acelerando la inversión vamos a cumplir con nuestras metas. Si cumplimos nuestras metas en temas de inversión el 2014 Chuquisaca por regalías e IDH va a recibir 192 millones de dólares, casi 200 millones de dólares”, explicó el presidente Evo Morales Ayma, en Chuquisaca, al asistir a los actos conmemorativos de esta ciudad.

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Un comentario el “Hoy se cumplen 203 años de la Revolución de Chuquisaca, conocida históricamente como el primer grito libertario en América

  1. que buen reportaje lo felicito, una consulta de quie es la pintura de Juana Azurduy Bermúdez y como se llama, que buen homenaje!

    Aski shurata!

    J I K I S I N K A M A!!!

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