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Quillacollo reivindicó valores culinarios de la carne de cerdo

Quillacollo reivindicó los valores nutritivos y culinarios de la carne de cerdo, un animal noble del que se obtiene varios platillos como fricasé, chicharrón, escabeche, p’ampaku y el afamado lechón que mueve gran cantidad de comensales e ingentes recursos económicos.

La denominada “Tierra dela Integración Nacional” este domingo vistió con sus mejores encantos enla XVIII Feriadel Lechón y sus derivados, donde los asistentes disfrutaron de los suculentos platillos hechos con la apetecible carne de cerdo acompañado de la deliciosa Garapiña, elaborada en base al nectar del Valle, la Chicha .

La Feria del Lechón es organizada desde hace 18 años cuando se instituye como uno de los eventos que rescata la tradición e identidad gastronómica de Quillacollo, pues en esta ciudad y sus alrededores está vigente la costumbre de servirse los sábados, domingos y lunes el apetecido chicharrón, chorizo, fricasé, p’ampaku, enrollado, escabeche, y su majestad: el plato del lechón, acompañado de papas, camote, ocas, ensalada de lechuga, aderezos y la infaltable llajwa, además de la riquísima chicha o garapiña.

Charles edcerra – Alcalde Municipal de Quillacollo

Según el alcalde Charles Becerra participaron más de 70 vivanderas especialistas en carne de cerdo, mismas que ofrecieron variedad y calidad de las delicias culinarias.

La inauguración de este evento festivo se realizaró a las 11:00 en la el Prado de Villa Moderna, al norte de Quillacollo, con participación del alcalde Charles Becerra, concejales y dirigentes vecinales entre otros.

ALGO DE HISTORIA

La Feriadel Lechón se instituyó hace 18 años como parte del fenómeno festivo de las ferias en el valle bajo y alto de Cochabamba.

¿Por qué una feria del lechón en Quillacollo? Es la pregunta del millón. Sencillamente, porque esta provincia es la capital del chicharrón, el plato emblemático de los cochabambinos, afamado en el país y añorado en el extranjero por los kjochalas nostálgicos de sus costumbres y tradiciones.

La tradición de comer carne de cerdo se remonta a la época de la colonia, cuando Quillacollo era un hermoso pueblo con campiñas sin igual, donde abundaba la crianza de cerdos, ganado vacuno y ovino, cuyas carnes formaban parte de la dieta diaria de los españoles asentados en estas tierras y de los indígenas que asimilaron en su alimentación la carne de puerco.

Durante la colonia, las familias de españoles hacían embutidos, fiambres y carnes frías de manera casera. Asimismo, reinventaron el plato de chicharrón, fricasé, chorizos y otras delicias culinarias utilizando carne de cerdo.

En la república  y hasta nuestros días, los platos a base de carne de chancho, proliferaron en fechas festivas como Urkupiña, San Isidro y otros santos y vírgenes, hasta formar parte de la cultura e identidad de los quillacolleños.

MASIVA CRIANZA

Según el Director de Cultura de Quillacollo, en jurisdicción del valle bajo, semanalmente se derriban más de dos mil chanchos, que en manos de las abundosas cholas vallunas se transforman en chicharrón, escabeche, enrollado y p’ampaku que son devorados por los paladares más exigentes los fines de semana, especialmente, domingo.

El p’ampaku es el último y mayor invento gastronómico que data de la década de los sesenta, cuando una pareja de cochabambinos, oriundos de Vinto, se ingenian este platillo en la célebre quinta “Pintay Pintita”. Se cocina debajo la tierra sobre piedras, previamente calentadas con leña de eucalipto o sauce.

Según las tradiciones gastronómicas, el chorizo criollo es el otro plato fuerte de Quillacollo que forma parte de su identidad, ya que todos los domingos los asiduos visitantes dela Mamitade Urkupiña se dan una vuelta por la “Plaza de Granos” donde las manos expertas de las caseritas sirven un abundante y apetitoso plato de chorizo con mote pelado de maíz blanco, guarnición de ensaladas, pan tostado y un pedazo de morcilla.

Después de devorar esta delicia culinaria, los gustos más exigentes, le “echan” un balón de garapiña, la bebida inventada en Quillacollo por doña Carlota, allá por 1920.

Esta hermosa tradición data desde tiempos de la colonia, cuando Quillacollo era una fortaleza militar, llena de maizales y corrales donde vivaces correteaban miles de cerdos.

SELLO DE CALIDAD

Según el director de Culturas Jaime Orlando Flores en la actualidad, según informes del encargado del matadero de Quillacollo, los fines de semana se faenan en esos ambientes más de 500 cerdos con fines culinarios que son certificados con un sello de calidad.

Se estima que en todo el valle bajo, existen por lo menos unos mil criaderos de cerdo de todas la especies y variedades mejoradas que sólo abastecen al mercado local. Hay granjas gigantescas, así como medianas y pequeñas, pero también abundan los chanchos en los corrales de las viviendas.

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