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DOS PARADIGMAS DISTINTOS

Mgr. Edgar Fernando Flores Pérez

Hay quienes sostiene que la relación entre moral y política es indisoluble; como también, existen aquellos que consideran que la política se basta a si misma. Lo que me propongo en el presente artículo es examinar estos dos principios que -por cierto- brotan en tiempos antiquísimos.

La Antigua Grecia es la cuna de la política, ahí es donde la palabra política  tiene su origen. Para los griegos la política es el estudio o conocimiento de la vida en común de los hombres y su participación en los asuntos de la polis o Ciudad Estado. Mientras partícipe  en la organización  de esa comunidad e inserto en la misma organización social, el hombre, es definido por Aristóteles, como un animal político. Precisamente en la Grecia es donde la relación  moral y política emerge vinculada estrechamente.

Bajo la consideración precedente, tenemos  en la Grecia Antigua una unidad evidente  entre la moral y la política. En la cotidianidad de los atenienses la moral de los hombres que viven en comunidad  se cumple en la política;  es decir,  que en la política es donde  los individuos desarrollan  y extienden sus virtudes: justicia, prudencia,  fortaleza, amistad y templanza; el hombre, no puede carecer de aquellos valores si es que desea alcanzar la felicidad propia y de la comunidad que gobierna. Se trata, por consiguiente,  de una moral que impregna en la acción colectiva valores de igualdad, justicia social y libertades, es decir, una democracia efectiva que abraza la dignidad humana.

Más tarde, en la época moderna, esta vinculación entre moral y política -con  Nicolás Maquiavelo  (1469 – 1527)- se disuelve. Se separa la política de  la moral. Política sin moral, principio cuyo contenido pregona  la  política autosuficiente, que se basta por sí misma; constituyéndose  entonces  la otra posibilidad de acción colectiva para  incursionar el ámbito gubernamental y conformar lo que se conoce en la actualidad con el nombre de  Realismo Político, que no admite -menos aprueba salvo sus conveniencias premeditadas-  ningún juicio moral en la consecución del fin que persigue, todos los medios, en consecuencia,  sirven  y se subordinan  para lograr el fin que satisfaga el interés nacional y la angurria de poder.

Este problema  de relaciones entre moral y política  aparece constantemente. En ocasiones combatiendo, en un marco democrático, actos de corrupción moral política que perjudican al Estado; en otras, prescindiendo de los valores, se subordina la moral a la política autoritaria.

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