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El sentimiento de los católicos en la “Semana Santa”

Hilda Goyochea Mérida
Comunicadora social

 

La Semana Santa fue la llamada al arrepentimiento al verdadero arrepentimiento, semana en la que hemos deseado seguir las huellas del Señor. La sentencia de Pilatos fue dictada por la multitud de gente cuyo grito era “crucifícale, crucifícale”. La cruz a la que fue condenado Jesús de Nazareth debió afectar profundamente el alma del Pretor Romano. María se encontró con su hijo en el camino de la cruz. La cruz, de su hijo es su cruz, la humillación de él es la suya. María avanza hacia el calvario de su hijo, hacia su propio calvario ¡Madre dolorosa! “Tú que has padecido junto con él” expresa la unidad con el sufrimiento de tu hijo.

Jesús venció a la muerte. En el tiempo de Pascua hemos permanecido siempre junto a la Virgen pero más aún en el tiempo de Pascua hemos aprendido de ella. ¡Con qué ansias había esperado la resurrección! Sabía que Jesús había venido al mundo, pero también conocía que no podía quedar sujeto a la muerte porque él es la vida y él viene a traernos la paz, esa paz que nos lleva a una vida digna y es el camino de la verdad. Paz significa armonía, unión, colaboración, participación y concordia con los semejantes.

La paz espiritual, según el evangelio, la paz es fruto de la justicia.

La Fe, nos proporciona el conocimiento de la verdad que es Cristo mismo. Si te encuentras sin trabajo, di: gracias Dios, porque ya me diste el trabajo. Eso es una demostración de fe.

El Amor es la razón de ser del hombre, esta es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de los que amamos. Así pues, Dios brilla en las almas que viven unidas a él a través del Amor.

La Humildad, el Señor Jesús, que vino humildemente para salvarnos y nos regaló la gracia, que nos permite vivir en humildad.

La Esperanza, nos proporciona la confianza en la ayuda de Dios para llevarnos a la Bienaventuranza.

La Solidaridad, significa generosidad, desprendimiento para quienes lo necesiten.

La Fidelidad, el Señor que vino para salvarnos y nos regaló el don de la fidelidad, esté con todos nosotros. Bendito el Señor que nos invita a vivir la fidelidad.

Junto con los llamados de los obispos debemos invocar al espíritu cristiano para que después de este domingo de resurrección que pasó, tengamos abierto el corazón a soluciones convenientes con diferentes sectores que luchan por mejores condiciones de vida personal y laboral.

Ese mismo poder de precipitar está dentro de nosotros, potestad que nos da la presencia de Dios en nuestro interior, por eso nunca nos puede faltar nada.

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