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Los coloraditos en la Guerra del Pacífico

Walter Gonzales Valdivia

Ni las distancias acobardaron a los quillacolleños para marchar a defender los más remotos jirones del territorio patrio. En las tres campañas del Acre, que le costaron a Bolivia una de sus grandes pérdidas territoriales, estuvieron ausentes los hijos de Quillacollo, que  se organizaron de manera voluntaria en dos piquetes, bajo el nombre de “Cochabamba”, y lucharon en los combates de Puerto Arce y muchos otros.

Pero es en la Guerra del Pacífico, el episodio más trágico de la historia de Bolivia, por cuanto significó  el despojo de su costa sobre el Pacífico, donde la presencia quillacolleña tiene perfiles todavía confusos pero ciertos.  A propósito, he aquí un documento histórico, desconocido pero estimulante. Se trata de una carta dirigida por un  excombatiente del Pacífico al periódico El Ferrocarril,  publicada en fecha 25 de agosto de 1913 sobre la participación del Batallón Aroma Segundo en la batalla del Alto de la Alianza:

(Transcripción textual).

Señor:

He leído con toda atención el editorial de su diario, fecha 21 del presente,  relativo a un episodio de nuestra historia nacional: la batalla del Alto de la Alianza.

Tuve la honra de concurrir á ese hecho de armas en mi calidad de subteniente de la cuarta compañía del batallón “Aroma” 4º de línea que fue organizado en ésta con el nombre de 2º “Aroma”, para distinguirlo del otro Aroma, formado en esa capital; (ciudad de Cochabamba), habiendo engrosado sus filas en el pueblo de Tapacarí.

No conocí el documento al que alude el caballero de cuya carta se sirve Ud. trascribir algunos fragmentos ó párrafos; recién he podido saber que es el informe presentado por el General Narciso Campero –de grata memoria– ante la Convención Nacional del año 1.880.

La extrañeza del indicado caballero es justa. Se impone la necesidad de rectificar los errores que contiene aquél informe, por lo mismo que es un documento oficial escrito por una alta personalidad política y militar y que ha de ser consultado para formar las páginas de la historia boliviana.

En la mañana del 26 de mayo de 1.880 el ejército se dispuso á la batalla en dos líneas una á vanguardia y otra á retaguardia como reserva. La primera línea, estaba compuesta –si mal no me acuerdo– de algunas piezas Krupp u ametralladoras, los cuerpos peruanos Zepita, Misti, Arica, Pisagua, Provisional, de Lima, Rimac, Cuzco y Lima, los bolivianos Padilla, Chorolque, Grau, Loa y Murillo. La segunda línea, cubriendo la retaguardia del ala izquierda, formaban el Viedma, Tarija, 2º Sucre, Coraceros, Vanguardia, Libres del Sud, Murillo y Escolta, los bolivianos, y los peruanos Huáscar, y Victoria; el centro cubrían el Ayacucho, Arequipa, Canevaro y Columna de Sama, peruanos; y el ala derecha apoyaban el “Alianza”, Aroma y Zapadores, bolivianos y los peruanos Húsares de Junín, Guías y el batallón comandado por el coronel Albarracín.

Empeñada la batalla, comenzando sus fuegos la artillería chilena y contestados por la  nuestra, el enemigo dirigió el mayor vigor del ataque á la izquierda de nuestra línea, mandada por el ilustre coronel Camacho. No obstante el valor de nuestros compañeros, la superioridad del número y de las armas chilenas, hizo necesario el refuerzo del ala derecha (reserva). El coronel Camacho pidió á la división comandada por el contra almirante Montero, el que desprendió la brigada del coronel D. Ildefonso Murguía, compuesta de los dos batallones bolivianos Alianza y Aroma (colorados y coloraditos). Marchábamos al puesto de honor y vimos que el batallón Victoria (peruano) huía, quizá sin quemar un cartucho, desluciendo su nombre; recibimos orden de hacer fuego contra los cobardes; producida la descarga continuamos a “paso de vencedores” á reemplazar á los bravos que cayeron en la lid. Llenos de corage, pudimos hacer retroceder, varias veces á las fuerzas enemigas. Nuestras municiones se agotaron, pero no se agotó la sangre ardiente que circulaba por nuestras venas; rechazamos á la caballería chilena, que cargaba sobre nosotros en carrera vertiginosa, formando cuadros y calando nuestras bayonetas. La gloria de aquella jornada cruenta, pertenece á esos dos batallones bolivianos que mermaron en dos tercios. ¡Dios los premie y la Patria los recuerde!

Como he dicho, el batallón Canevaro no concurrió con los colorados á la defensa del ala izquierda, sino el “Aroma”  4º, de línea boliviano. Aquél ocupaba el centro junto con el Ayacucho, Arequipa y Columna de Sama, no estaba a la derecha como dice el informe del General Campero.

Nótese una circunstancia: ambos batallones Alianza y Aroma, vestían un mismo uniforme, chaqueta roja y pantalón blanco, distinguiéndose únicamente en el color de las tiras del pantalón, las del 1º eran negras y las del 4º, rojas; de manera que parecían un solo cuerpo.

Quillacollo, agosto 25 de 1.913.

José Pedro Pérez.

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