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“Coca Zero”: Las farsas del Departamento de Estado

La estrategia militar norteamericana no redujo el consumo de cocaína; hoy las drogas sintéticas, los tranquilizantes y analgésicos hacen estragos.

 

G. Roberto Peredo Montaño.
Sociólogo y periodista, miembro de la Asociación de Periodistas Hispanos, Washington DC.

 

El 24 de septiembre de 2007 el Jet Gulfstream II, con matrícula N. 987SA cayó en la península de Yucatán (México) cargado con 3.5 toneladas de cocaína proveniente de Colombia. Según datos de la FAA (siglas en inglés de la Agencia Federal de Aviación Norteamericana) y de otros organismos similares de Europa, la matrícula del avión coincidía con la nave que la CIA empleó para trasladar presos de Al Qaeda desde Europa a la cárcel de Guantánamo en Cuba. El USA Today y el New York Times dieron perfil bajo al hecho. Pero, en diciembre de 2007 tras denuncias de la prestigiosa agencia Narco News y del Toronto News, la CIA aclaró (sólo al Times) que alquiló el avión de la compañía Donna Blue Aircraft Inc. registrada en el Estado de Florida.

Ningún medio pudo verificar si esta compañía realmente existía. Según la CIA, la Donna Blue vendió el avión a principios de 2007 a empresarios mexicanos porque habría cumplido su vida ‘útil’; pero la FAA indicó que el avión debía ser ‘dado de baja’ recién en 2010. Las autoridades mexicanas determinaron que ‘el empresario’ que compró el avión era ‘El Chapo’ Guzmán. ¿Coincidencia?….. juzgue el lector.

Los registros del Gulfstream II fueron verificados por las autoridades aeronáuticas en España y según agentes de la DEA, que pidieron a Narco News mantener sus nombres en reserva, ‘ese vuelo y otros tenían protección desde esferas políticas y seguridad elevadas’. El parlamentario suizo Dick Marty que investigó los vuelos secretos de la CIA, admitió, en 2008, que el Gulfstream II que cayo en México pertenecía a la flota de 100 jets que operan para la CIA. Así es la lucha contra el narcotráfico bajo la tutela y mandato de USA; es ineficaz, carece de toda lógica y transparencia.

Hay más. Rodney Stich, un periodista reconocido y expiloto militar retirado dice que la CIA introducía cocaína y heroína a USA en vuelos secretos desde hace décadas. Stich en un libro revelador titulado “Drugging América: A Trojan Horse” (Drogando América: Un caballo de Troya-1999) asegura que aviones militares C-130 y hasta gigantes Boeing 707 introdujeron drogas desde Bolivia, Colombia y Perú a USA. Este hecho fue denunciado (muy bien documentando) por el senador democrática de Massachusetts John Kerry a finales de la década de 1980.

Pero la ‘doble moral’ es una constante. Veamos. Según la DEA el crack es utilizado (en USA) por estratos sociales pobres y marginales y las penas carcelarias por portar esta droga es por lo general larga. Eso sí. Las élites blancas utilizan cocaína exonerados de la cárcel y enviados a rehabilitación. La estrategia militar norteamericana no redujo el consumo de cocaína y además hoy las drogas sintéticas, los tranquilizantes y analgésicos hacen estragos en la juventud norteamericana.

Esta estrategia militar está de-sangrando América Latina, mientras las incoherencias sólo suman. La ONU, el organismo más estéril que hay en el mundo, muestra su actitud imperial al mantener el akulliku (masticado de la hoja de coca) bajo el manto de la ilegalidad en Bolivia, mientras por otra parte, obliga a los ‘estados modernos’ a reconocer y proteger costumbres de los pueblos indígenas. Según la misma ONU, en 2008 más de 35 mil millones de dólares se quedaron en USA como ganancia bruta por la venta al menudeo de drogas, principalmente cocaína y metanfetaminas. Aunque organismos independientes indican que son 55 mil millones de dólares.

Perú en los últimos tres años inyectó a su economía más de 25 mil millones de dólares provenientes del narcotráfico y la producción de cocaína en Colombia no ha tenido grandes variaciones muy a pesar del soporte millonario que reciben. La economía del narcotráfico es vital para Colombia. Paradójicamente, Bolivia, que recibe miserable ayuda norteamericana, destruyó más factorías de cocaína que nunca en la historia y decomisó cientos de toneladas de cocaína y sin presencia de la DEA; aunque claro, esta ‘economía negra’ es motor económico de la región oriental. Entre las incoherencias de nuestro señor presidente (Evo) se destacada el “corretear” a los cocaleros de los Yungas y el aumentar catos de coca en el Chapare.

Volviendo al Norte, existe, entre Seattle y California un ‘triángulo geográfico’ donde se produce marihuana de gran calidad para consumo local y la DEA se hace al de ‘la vista gorda’. Además, en algunos estados, tenemos centros sanitarios donde los adictos acuden para inyectarse drogas sintéticas, para tratar su adicción a la cocaína y/o heroína (drogas duras). Las ganancias de estos urban farmers superan los 2 billones de dólares anuales: Pero si sumamos los otros miles de dólares que ganan nuestros cocaleros, por vender la hoja sagrada a los narcos, encontramos que esta es una guerra perdida… por donde se vea.

Términos, como legalizar, despenalizar y regular se vienen a mi mente. Regular el consumo y la venta de drogas ‘duras’ es tarea menos complicada. Pero nuestra cultura del exceso y esa pobre ‘educación’ nos obligan a mantenernos en un estado de ‘miedo clínico’…. bien aprovechado por los cárteles de la droga. Además de los tabúes y temores poco fundamentados contra la marihuana, son la gran berrera.

Debemos cambiar este enfoque militar de lucha contra las drogas impuesto por USA, pues insistiré, “Un problema de salud pública no se soluciona con metralletas”.

Veamos, México, Guatemala y Colombia son el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer. Los estados deben estudiar y regular el consumo de drogas ‘suaves’ acompañando de campañas para re-educar y orientar a nuestra juventud sobre los efectos del abuso de las drogas. Mientras tanto, el capitalismo (consumismo) consolida a la Coca Cola Zero producida por The Coca Cola Company en el mercado mundial, ‘protegida’ por todas las farsas y mentiras que inventa el Departamento de Estado… Dejaré al lector la reflexión final.

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